Columna Original y Copia, México Mundialista

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México mundialista

Por Martín de J. Takagui

El orgullo de ser sede mundialista sigue vivo entre los mexicanos, sean o no aficionados al futbol y saber que el balón a rodado nuevamente en las canchas mexicanas genera una emoción distinta a los rutinarios campeonatos nacionales o regionales. Aquí se trata de un torneo mundial, cuya sede es Norteamérica, de la cual formamos parte por nuestra ubicación geográfica, aunque no le gusten sus vecinos a Donald Trump, aquí estamos Canadá y México.

Pero no todos pensamos igual, no a todos nos emociona al mismo grado el que por tercera vez en la historia México sea sede mundialista y se haya jugado, por tercera vez el partido inaugural en nuestro estadio Azteca, o como le quieran llamar los de la FIFA, la ceremonia inaugural, también fue en el estadio monumental, quizás el más famoso estadio de futbol, de América Latina, después de lo que fue el de Maracaná en Brasil.

Cien mil espectadores, sin duda, como lo dijo Javier Aguirre, es un estadio que impone, un estadio que pocas veces tiene públicos tan diversos, nutridos y de diferentes nacionalidades, un estadio que quizás puso nerviosos a los 11 jugadores mexicanos o a los 26, con todo y banca, pero que finalmente cumplieron, estuvieron ahí presentes, se la jugaron, recibieron una breve y leve rechifla, pero salieron triunfantes con un marcador de dos goles a cero, frente a Sudáfrica.

Como en todos los mundiales, la FIFA invitó, como lo hace por costumbre a los jefes de Estado de cada sede, pero en México, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció con semanas o quizás meses de anticipación que no asistiría y regaló su boleto.

Los jugadores mexicanos, jóvenes entusiastas, deportistas probados, acudieron a la cita y ganaron, la presidenta a sus más de seis décadas de edad, no quiso ponerse frente a ese monstruo de cien mil cabezas que fue el Estadio Banorte, Ciudad de México o Azteca.

La ausencia de la presidenta mexicana a la ceremonia de inauguración, fue motivo para que tampoco asistiera ninguno de los otros dos jefes de Estado de Estados Unidos y Canadá, pues no podían estar ahí sin la anfitriona, podría considerarse que actuó como una aguafiestas, pues también una princesa japonesa y otros representantes de gobiernos extranjeros habían manifestado sus intenciones de asistir, pero se vieron frustrados ante la ausencia de Claudia Sheinbaum.

Qué habría pasado si asiste a la inauguración del Mundial 2026 la presidenta de México, habría sido una gran fiesta con decenas de funcionarios y representantes de decenas de gobiernos, en donde, además México habría emitido hacia el mundo una imagen de hospitalidad, de un pueblo que sebe recibir con los brazos abiertos a todos los países del mundo.

Se trata del mundial más grande de la historia, en el que participan 48 selecciones nacionales de futbol, en donde, por primera vez, asisten y participan dos países que se encuentran en guerra, Estados Unidos e Irán, y en cuyo proceso, está por firmarse un acuerdo de paz, después de cuatro meses de guerra, de ataques y del bloqueo del estrecho de Ormuz, que se mantiene asfixiando al mundo, porque cientos de busques petroleros se encuentran varados, en lugar de avanzar hacia los países que requieren de hidrocarburos.

El fondo de la ausencia de Claudia Sheinbaum a la ceremonia del mundial va mucho más allá, hay que tomar en cuenta que los problemas que aquejan al país y que no han sido atendidos o resueltos por el gobierno actual, generaron un ambiente que prácticamente fue borrado por la marea verde que festejó la participación y triunfo de la selección mexicana en el partido inaugural.

Pero dentro del estadio, también hubo protestas, quizás menos de las que habrían existido si hubiese asistido la presidenta, hubo un momento, ant4es de que iniciara la ceremonia y el encuentro, en que los aficionados mexicanos corearon “Fuera Morena. Fuera Morena. Fuera Morena”, coro que no le doló a nadie ni resultó ser tan importante, la fiebre futbolera opacó todo eso.

En 1968 y 1970, el ex presidente Gustavo Díaz Ordaz acudió a las ceremonias de los Juegos Olímpicos y del Mundial de futbol, respectivamente; en 1986, el ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado acudió también al estadio, incluso personalmente fue quien entregó la copa mundial a Diego Armando Maradomna en sus propias manos, aunque Argentina ganó con “la mano de Dios” en un triunfo que solamente un fotógrafo de El Heraldo de México, de aquellos años, logró ver y documentar que no lo metió con la cabeza sino con su mano derecha.

En esta ocasión, la presidenta Claudia Sheinbaum habría asistido, un nutrido grupo de jefes de Estado, representantes de gobiernos y demás personalidades internacionales, habrían hecho crecer la importancia de la ceremonia, pero la presidenta tuvo y, posiblemente, con razón un gran pánico escénico.

Habría valido la pena aguantar una mentada de madre monumental, como las aguantaron Díaz Ordaz y De la Madrid Hurtado y hoy México estaría en otro ánimo del mundo y de los propios mexicanos.

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