En uno de los episodios más oscuros relacionados con la crisis de drogas en Afganistán, el puente Pul-e-Sokhta, en Kabul, llegó a convertirse durante años en refugio de personas atrapadas en la adicción y en condiciones extremas de pobreza, abandono y frío.
En medio de ese escenario también quedaron expuestos animales que no tenían ninguna responsabilidad en la situación. Reportajes realizados en la zona documentaron testimonios según los cuales algunas personas suministraban drogas a perros callejeros para mantenerlos sedados y conseguir que permanecieran junto a ellos durante las noches, especialmente ante las bajas temperaturas.
El documental Zombies of Afghanistan: Even the Dogs Are Addicted retomó esta problemática y señaló testimonios que apuntaban a que algunos perros habrían sido llevados desde cachorros y posteriormente drogados para evitar que se alejaran.
Víctimas de una crisis que no provocaron
La historia no significa que los perros de Afganistán en general sean consumidores de drogas. La situación descrita estuvo particularmente relacionada con el entorno de Pul-e-Sokhta, donde durante años se concentró una parte de la población afectada por la adicción.
Los animales, sin embargo, quedaron atrapados en ese contexto sin posibilidad de decidir sobre su destino. El suministro de sustancias los habría convertido en víctimas indirectas de una crisis marcada por la pobreza, las enfermedades y la marginación.
Las imágenes y testimonios recopilados en torno al puente mostraron una de las facetas más crudas de la problemática: personas y animales compartiendo espacios insalubres mientras intentaban sobrevivir en condiciones extremas.
Pul-e-Sokhta, símbolo de la crisis
Con el paso del tiempo, las autoridades realizaron operativos para desalojar la zona y trasladaron a numerosos consumidores a centros de rehabilitación, modificando el panorama que durante años caracterizó al lugar.
Aun así, Pul-e-Sokhta quedó registrado como uno de los símbolos más impactantes de la crisis de drogas en Kabul y de las consecuencias que puede generar la exclusión social.
La historia de los perros utilizados y expuestos al consumo de sustancias deja una reflexión difícil de ignorar: cuando una crisis humana alcanza niveles extremos, sus consecuencias pueden terminar afectando incluso a quienes no tienen ninguna posibilidad de elegir.
