A un año del inicio del gobierno encabezado por Joaquín Díaz Mena, los cambios prometidos por la llamada Cuarta Transformación siguen siendo motivo de debate entre la ciudadanía. Sin embargo, hay un rubro donde los avances resultan innegables: la imagen y el vestuario de la primera dama, Wendy Méndez Naal.
Mientras el discurso oficial insiste en la austeridad, la cercanía con el pueblo y el combate a los privilegios, en los actos públicos la realidad proyecta un mensaje distinto. La esposa del gobernador ha destacado por portar atuendos de marcas reconocidas, con costos elevados, que contrastan con la narrativa de sencillez promovida por el movimiento.
Vestidos de marca y discurso social
Uno de los casos más recientes fue su aparición con un vestido verde de la firma CH, cuyo valor estimado supera los 30 mil pesos, sin contar zapatillas, accesorios y demás complementos que integran su imagen en cada evento oficial.
De acuerdo con observadores políticos y usuarios en redes sociales, esta no es una excepción, sino una constante en sus presentaciones públicas, donde predominan prendas de alta gama y un estilo alejado de la austeridad que promueve el gobierno federal.
Puntualidad cuestionada y trato preferencial
A lo anterior se suma un elemento que ha generado inconformidad entre asistentes a actos oficiales: la reiterada impuntualidad. En diversos eventos, la primera dama ha arribado con retrasos de hasta una hora, lo que obliga a funcionarios, invitados y ciudadanos a esperar.
Esta situación ha sido interpretada por sectores críticos como una muestra de privilegio y desconexión con la realidad cotidiana de la población.
Contradicciones de la
