Despiden a Mario Ávila por no “mocharse”: en Tizimín no se castiga robar, se castiga no compartir

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En Tizimín la corrupción no se combate, se administra. Y como toda administración eficiente, tiene reglas claras: puedes robar, pero reparte. Quien no entiende el manual, se va. Así habría ocurrido con Mario Ávila Mena, recientemente despedido —junto con Fidelio Chi Che— por no alinearse a la máxima municipal: dividir el botín o abandonar el cargo.

De acuerdo con versiones que circulan en los pasillos del Palacio Municipal, el alcalde Adrián Quiroz Osorio aplica a la perfección la vieja doctrina del “divide y vencerás”. No importa cuánto se lleven, siempre y cuando la mochada llegue a tiempo y completa. El problema con Mario Ávila, cuentan, es que tenía las uñas demasiado largas… y el pastel se lo comió solo.

La historia, que bien podría titularse “A ver quién roba más”, tiene como protagonistas al viejo cascarrabias Mario Ávila y al alcalde, apodado por sus detractores como “Lata de Gas”: explosivo, poco fino y con fama de muy manilargo. En el reparto aparecen personajes secundarios de sobra conocidos: Fidelio Chi Che, inseparable del primero, y Miguel Aguayo, el operador del alcalde, señalado por arrastrar viejas prácticas priistas y acusado en el pasado por irregularidades cuando fue director de feria.

El prólogo del escándalo

Una semana después de concluidos los festejos, Ávila Mena y Chi Che fueron sacados de la Expo Feria de Tizimín, oficialmente por no alinearse y por presuntos malos manejos en la organización. Extraoficialmente, porque ya no eran confiables… en el reparto.

Hay que recordar que en la Feria 2025 salieron a la luz diversas irregularidades administrativas que provocaron el enojo de comerciantes. La situación se le habría salido de control a Ávila, quien —según testigos— respondió con prepotencia y malos tratos. Ante el escándalo, el alcalde decidió retirarles el control de la venta de espacios y centralizar los cobros en la Tesorería Municipal.

La medida sonó a castigo ejemplar, pero en realidad fue un ajuste de cuentas: a Mario solo lo mantenían ahí por compromiso, cortesía del dinero aportado en campaña.

Cambio de manos… pero no de prácticas

Para la edición 2026, la administración de accesos quedó en manos de Miguel Aguayo, un viejo conocido por sus antecedentes y por representar todo lo que supuestamente se quería erradicar. En Tizimín, al parecer, el problema no es la corrupción, sino quién la maneja.

La gota que derramó el vaso llegó en enero, cuando Mario Ávila intentó seguir dando órdenes y sacando provecho del control de espacios, aun con personal de fiscalización presente y cuando su permanencia en el cargo era más por lástima que por confianza.

Cansado —según versiones— de los abusos al personal, el favoritismo, los cobros irregulares, la negativa a rendir cuentas y, sobre todo, de que Mario no se mochara, el alcalde ordenó su salida definitiva del recinto ferial. Hoy, tanto Ávila como Fidelio tienen prohibido volver a pisar la Expo Feria.

Moral de la historia

Aunque ambos personajes son viejos conocidos en el medio ganadero por presuntos robos en administraciones pasadas, esta vez el pecado no fue intentar robar, sino querer robar más que el jefe.

En el Tizimín que dejó de ser “Ciudad de Reyes” para convertirse en “Ranchote”, la lección es clara:

no se castiga la corrupción, se castiga la deslealtad en el reparto.

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