Sin los miles de testigos que cada año acostumbran observar el fenómeno de sol y sombra por el equinoccio de primavera en Chichén Itzá, la serpiente de Kukulcán bajó puntualmente.

La contingencia que se vive en el país por el coronavirus (Covid-19) obligó a las autoridades estatales y federales a mantener cerradas las zonas arqueológicas para evitar contagios masivos.